viernes, 21 de noviembre de 2008

Opalanga es una griot afroamericana tan alta y delgada como un tejo. Y soy una mexicana, tengo una hechura muy terrenal u abundantes carnes. Aparte el hecho de ser objeto de burla por su estatura, de niña le decían a Opalanga que la separación entre sus dientes frontales significaba que era un mentirosa. Y a mí me decían que la forma y tamaño de mi cuerpo significaba que era inferior y carecía de autocontrol. En nuestros relatos entonábamos un canto de duelo por los cuerpos de los que no nos estaba permitido gozar. Nos balanceábamos, bailábamos y nos mirábamos. Cada una de nosotras pensaba que la otra era tan hermosa y misteriosa que nos parecía imposible que los demás no lo creyeran así.
Que sorpresa me llevé al enterarme de que, de mayor, ella había viajado a Gambia en África Occidental y había conocido a algunos representantes de su pueblo ancestral en cuya tribu, mira por dónde, muchas personas eran tan altas y delgadas como los tejos y tenían los dientes frontales separados. Aquella separación, le explicaron, se llamaba SAKAYA YALLAH, es decir, la “abertura de Dios” y se consideraba una señal de sabiduría.
Y qué sorpresa de llevó ella al decirle yo que de mayor había viajado al intimo de Tehuantepec en México y había conocido a algunos representantes de mi pueblo ancestral, los cuales, mira por dónde, eran una tribu de coquetas y gigantescas mujeres de fuerte cuerpo y considerable volumen. Éstas me dieron unas palmadas y me palmaron, comentando descaradamente que no estaba lo bastante gorda. ¿Comía lo suficiente? ¿Había estado enferma? Tenía que esforzarme en engordar, me explicaron, ya que las mujeres son la Tierra y son redondas como ella, pues la tierra abarca muchas cosas.
Por consiguiente Opalanga comprende que su estatura es su belleza, su sonrisa as la de la Sabiduría y la voz de Dios está siempre cerca de sus labios. Y yo comprendo que mi cuerpo no está separado de la tierra, que mis pies están hechos para asentarse firmemente en el suelo y mi cuerpo es un recipiente destinado a contener muchas cosas.
Experimentar un profundo placer en un mundo lleno de muchas clases de belleza es una alegría de la vida... Aprobar una sola clase de belleza equivale en cierto modo a no prestar atención a la naturaleza. No puede haber un solo canto de pájaro, una sola clase de niño, de hombre o de mujer. No puede haber una sola clase de pecho, de cintura o de piel.
El cuerpo es quien nos protege, contiene, apoya y enciende el espíritu y el alma que llevamos dentro, es quien nos llena de sentimientos... Es elevarnos y propulsarnos, llenarnos de sentimientos para demostrar que existimos, que estamos aquí, darnos un fundamento, una fuerza y un peso.

Texto extraído de: MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS (Clarissa Pinkola Estés).

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